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¿Te molesta Greta? Pues ya sabes...

Arturo Criado me entrevistó para El Español hace unos días hablando sobre mi libro, "Viviendo en el futuro", y hoy publica la entrevista aprovechando la llegada de la activista climática Greta Thunberg entrecomillando una de mis frases al respecto, "Greta Thunberg es un símbolo, si funciona da igual si está mediatizada o si es extravagante".

Greta resulta especialmente molesta para mucha gente, particularmente hombres de más de cuarenta y escépticos con respecto a la emergencia climática. De esas tres características, ya sabes: si eres hombre y naciste hace más de cuarenta años, después de todo, no es culpa tuya: a mí también me pasa, y aquí estoy, intentando entender el mundo que me rodea. Pero si eres escéptico con respecto a la emergencia climática, eres un IMBÉCIL, así, con todas sus letras en mayusculas, y sobre eso sí puedes, a lo mejor, hacer algunas cosas (empezando por cambiar o, si no eres capaz de hacerlo porque eres todavía más imbécil de lo que parecías, por no molestar).

Primero, estudia. Sé consciente de que tu «postura», esa que defiendes con insistencia de cuñado en mesa navideña, lleva la contraria al 99% de la comunidad científica, que no discute contigo porque no le hace falta hacerlo: ellos no aportan, como tú, argumentos de barra de bar que leíste en internet o te contó un amiguete, sino que tienen series temporales estadísticas de muchísimos años, con modelos matemáticos que nunca llegarías a entender, y con papers que, cuando son publicados, han pasado por paneles de revisiones múltiples que han comprobado exhaustivamente sus métodos y conclusiones. Si de verdad en algún momento has creído que tus argumentos estaban al nivel de los suyos, no hay mejor prueba disponible: eres un IMBÉCIL. Así, con todas sus letras.

Segundo, entiende que Greta es una niña sueca de dieciséis años, que hace tiempo se cansó de escuchar estupideces sobre lo que su gobierno – y el resto de gobiernos del mundo – hacía o proponía con respecto a la emergencia climática, y se decidió a actuar. Que sus padres la dejaron, porque en Suecia las libertades de los niños se toman muy en serio (ya, a ti, que eres como eres, te parecerá una aberración, pero mira tú por donde, la educación sueca está muy por encima de la de muchos países del mundo, así que eso de las libertades, fíjate, funciona), y que se encontraron con que la niña tenía la madurez suficiente como para desarrollar bien sus argumentos y resultar persuasiva, así que decidieron apoyarla en su cruzada. A Greta no le pasa nada, así que ese aire de superioridad moral con el que supuestamente «te preocupas» por ella te lo puedes meter donde te quepa: eso del Asperger no es una enfermedad, es un síndrome que padece mucha gente, en muchos casos no diagnosticado, incluyendo posiblemente a personas que te rodean. En muchos sentidos, tener Asperger implica una capacidad para centrarse mucho mejor, de manera más plena y eficiente, en un tema determinado, así que en algún sentido, Greta es superior a ti. Cosa que, si eres un imbécil, también te molestará. Qué le vamos a hacer.

Tercero, Greta, con el movimiento que ha creado, con sus discursos, con sus gestos y con sus viajes ha hecho ya más por la concienciación con respecto a la emergencia climática que todos los políticos del mundo puestos en fila. Con tan solo dieciséis años, se merece ya más su puesto en los libros de historia que muchísimos de ellos: de hecho, en gran medida, si dentro de unas décadas los libros de historia le importan aún a alguien, será en gran medida gracias a ella. Greta sabe que todas esas promesas de políticos y empresarios con respecto a descarbonizarse en 2050 son auténticas estupideces, y que en realidad, lo que hagamos en 2050, cuando ella tenga ya 46 años, ya dará completamente lo mismo, porque estaremos completamente condenados a vivir lo que nos quede en un planeta convertido en un escenario catastrófico.

Greta representa la única visión válida con respecto a la emergencia climática, la que demuestra que la COP25 es una basura y que poquísimos de los que asisten a ella ha entendido nada: a mí me gusta llamarla nihilismo climático, porque el nihilismo es ese movimiento que supone el rechazo de todos los principios religiosos y morales de un contexto determinado, y la única manera de entender hoy la lucha contra la emergencia climática no es pretendiendo hacerla compatible ni con la economía, ni con la creación de riqueza, ni con la justicia social, ni con nada de nada: es, simplemente, algo que hay que hacer por encima de todo, caiga quien caiga, a costa de cualquier cosa, sea cerrar fábricas, perder puestos de trabajo o provocar problemas a las personas. Los puestos de trabajo, las fábricas, los ingresos de los empresarios o la riqueza de las naciones son todos ellos absurdos constructos sociales que no tienen ninguna importancia relativa con respecto al único fin que tendríamos que tener en la cabeza en este momento: detener la emergencia climática. La descarbonización no puede ser «ordenada», ni «justa», ni nada por el estilo: solo puede ser INMEDIATA. Cualquier otra cosa es una demostración de que no se ha entendido ni su importancia, ni su urgencia. La descarbonización es un problema tecnológico, y tenemos que aplicar toda la tecnología disponible a ella, cueste lo que cueste, cerremos las fábricas que tengamos que cerrar (ahora, no en 2040), y aislando económicamente ya a todos los países que no cumplan.

De Greta se podrán decir muchas cosas: que se ha convertido en cabeza visible de un movimiento cada vez más grande y radicalizado, que su forma de moverse por el mundo es poco práctica o que hay intereses en torno a su figura. Por supuesto: cuanto más grande se haga ese movimiento y más se radicalice, mejor para todos, cuanto más coherente siga siendo en su forma de hacer las cosas, menos criticable será, y en cuanto a los intereses alrededor de su figura, aunque seas demasiado imbécil como para entenderlo… es que son los mismos que los tuyos, o al menos, a los que deberías tener si, en efecto, no fueras imbécil: sobrevivir como especie. Porque Greta no se dedica a pensar que el mundo le trae sin cuidado, no es tan egoísta como para pensar que cuando el mundo se estropee hasta el nivel de no poder soportar la vida humana ella ya no estará aquí (algo que, además, es falso, porque esto va mucho más rápido de lo que tú crees), y no dice eso de «total, para lo que me queda en el convento, me cago dentro», que es lo que tú, en tu máxima expresión de insolidaridad y degradación moral, pretendes hacer todos los días mientras la criticas.

Mientras sigas pretendiendo que mantener tu nivel económico, tu comodidad para desplazarte o el producto interior bruto de tu país es un fin que debe de alguna manera anteponerse a la lucha contra la emergencia climática, Greta seguirá estando, en términos de juicio crítico y de entendimiento del problema, muy, pero muy por encima de ti. Y eso, seguramente, te seguirá molestando mucho, porque es lo que les ocurre a los imbéciles: que en lugar de ser conscientes de que lo son, pretenden que el mundo entero está equivocado, que todos circulan en dirección contraria y ellos son los únicos que tienen razón. 

Si te molesta Greta, ya sabes: va a haber cada vez más Gretas rodeándote, afeando tu asquerosa actitud de escéptico, tu relativismo moral y tu ridícula idea de que «no podemos descarbonizarnos porque entonces perderíamos bienestar», o «ya nos descarbonizaremos dentro de veinte o treinta años». Cada vez habrá más Gretas, y comprarán menos de los productos de tu compañía, y se manifestarán en tu puerta, y protestarán contra ti, contra lo que haces y contra lo que no haces. Estarán ahí para salvarte, aunque seguramente nadie lo merezca menos que tú y que tu asqueroso escepticismo.

¿Te molesta Greta? Pues ya sabes: JÓ-DE-TE. Es lo que hay.

 

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